Correo del campo. (cuento), por Omar Tisocco.

– Mensaje para Adán Schultz  de estación La Criolla, en colonia San Bonifacio:- Voy al mediodía y paso por su chacra con los medicamentos para su madre. Enfermera Eva Krusberg. Vecinos que escuchen, favor avisar.-

Es la hora seis de la madrugada de un día domingo del mes de Septiembre de 1960 y no son pocos los aparatos de radio a  pila o a batería que allí ya están encendidos.

En esta zona, aún no hay electricidad y por las noches la gente se ilumina con velas, faroles y alguna que otra linterna de mano. No existe red de agua potable, por lo tanto, cada hogar cuenta con un pozo del cual obtienen agua de diversas maneras y según sus posibilidades económicas: con baldes atados a una larga soga, para quienes tienen aljibes. Bombas manuales de uso doméstico o altos molinos de viento en el caso de los establecimientos productivos.

El mensaje es solo uno más entre muchos otros en esa edición del programa llamado: “Correo del campo”, servicio a cargo de la emisora LT15 de la ciudad de Concordia, en la provincia de Entre Ríos, República Argentina. A treinta kilómetros de distancia de la zona rural mencionada.

Cuando comienza la pausa publicitaria, el joven locutor cierra el micrófono y pregunta a quien se encuentra a su lado, una experimentada productora llamada Sara:- ¿Quién será esta enfermera que siempre va los Domingos, a “La Criolla”, para atender a esa mujer, Schultz?-

Sara, evalúa la pregunta y luego de un momento algo incómodo, responde en tono mesurado.

-Hace mucho tiempo que Eva ha elegido encargarse de esa zona y el gobierno se lo permite.  Son pocas las enfermeras dispuesta a viajar al campo, lejos de las comodidades de la ciudad. Y ella lo hace con gusto.-

-¿Usted la conoce personalmente?-

-¡Si, la conozco, somos amigas! Misma generación. ¿Viste? Ambas nacimos en el año 1920. Yo, aquí, en Argentina y ella, para su desgracia, allá, en Alemania.-

-¿Por qué, para su desgracia?-

– Porque, en 1933, cuando ella tenía apenas trece años, asumió el poder Adolfo Hitler, quien persiguió y asesinó a millones de judíos. Y Eva Krusberg es judía.-

-¡Qué raro, una mujer judía que se aplica con tanta abnegación a cuidar un pueblo lleno de alemanes!- dice el locutor.

– En “La Criolla” hay tres etnias.-responde Sara.- Los criollos, los descendientes de inmigrantes italianos y los descendientes de los alemanes del Volga. Estos últimos, no provienen de Alemania, sino de Rusia, de la zona del Volga. Son “Russlanddeutsche “. Y aunque todavía; “manche sprechen zuhause deutsch” (algunos, en sus hogares, hablan alemán.) en público hablan castellano. Admitiendo que, los más ancianos lo hacen con marcado acento alemán. O como ellos mismos dicen en broma:- “Hablamos atravesados como trote de vaca”.-

La diáspora de los rusos alemanes comenzó mucho antes que ocurrieran las dos guerras mundiales. Porque los primeros inmigrantes, llegaron a la Argentina en el año 1872. Ellos ya habían nacido en territorio ruso, sin embargo, Rusia no los reconocía como tales debido a sus orígenes alemanes y Alemania tampoco los reconocía pues habían nacido en Rusia.-

-¡Que lío! ¿No? ¿Y por qué ocurrió eso?-

-Eso ocurrió porque cien años antes, en 1763, “Catalina la grande”, emperatriz de Rusia, que a en realidad era alemana, invitó a los campesinos alemanes a poblar la región del Volga, que se encuentra dentro de Rusia. Ella necesitaba hacer producir estas tierras difíciles y sabía que solo los agricultores alemanes tenían la disciplina laboral necesaria para lograrlo. Les ofreció libertad religiosa y exceptuarlos del servicio militar, otorgándoles autonomía en cada aldea que fundaran. Y ellos fueron. Y realizaron la obra que se esperaba. Cumplieron produciendo trigo y centeno en abundancia para el bien de Rusia. Pero todo fue una trampa. Poco a poco el gobierno les fue quitando sus derechos hasta convertirlos en parias. Por ello, cien años más tarde comenzaron a emigrar. Los protestantes, luteranos y demás fueron a los Estados Unidos de Norteamérica. Otros, los católicos principalmente, vinieron a Sudamérica. Y aquí están finalmente, sus descendientes, en un pequeño y hermoso pueblo llamado “La Criolla”, perteneciente al ejido de nuestra ciudad, “Concordia”, de la templada y muy verde provincia de Entre Ríos, en la celeste y blanca república Argentina.-

-¡Que poetisa se perdió la literatura!- exclama el joven locutor.

-¡Más petisa será tu madre!- responde Sara para hacerlo reír. Porque ella es una mujer culta que a menudo gusta de jugar con las palabras que suenan parecido pero significan otra cosa. Casi una diáfora  lunfarda pues siempre en Argentina, el término petisa o petiso se adjudica a alguien de baja estatura.

Y correo del campo continua después de la pausa publicitaria.

-Mensaje para los equipos de fútbol de La Criolla y de Los Charrúas: Llegaremos con media hora de retraso, pero confirmamos nuestra presencia y arbitraje para el partido de esta tarde. Comisión de la liga agraria de fútbol. Informamos también que damos por terminada la suspensión por tarjeta roja del jugador “Leonardelli” perteneciente al equipo de La Criolla, quien queda por lo tanto en condiciones de participar. Vecinos que escuchen favor avisar.-

Ha llegado el mediodía de este domingo soleado y caluroso y el granjero Adán Schultz  abre el portón para que ingrese el pequeño automóvil Fiat 600 que conduce la enfermera Eva Krusberg.

Él, es un hombre muy joven de unos veinticinco años tal vez, según el cálculo de Eva, quien siempre disimula su embeleso por los ojos celestes, el cabello castaño,  el rostro atractivo y la estructura corporal de ese tímido hijo de la señora Schultz.

Eva disimula. Y sigue disimulando. Porque ella, es una instruida señora de inamovibles cuarenta y tantos años, que no puede permitirse ciertas debilidades tales como: tener una aventura romántica con un salvaje e inocente campesino que vive y trabaja en una precaria chacra de la colonia San Bonifacio mientras cuida abnegadamente de su querida madre. ¿No puede hacer eso! ¡De ninguna manera! ¡Pero, maldita sea! ¡Qué ganas le tiene a ese pendejo!


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